El último poeta de la Tierra
18 September, 2009 - 4:15 pm | En Poemas Míos | Comentarios: 5 Resacas en el buzónEl último poeta de la Tierra
coloca,
ladrillo a ladrillo,
las palabras prohibidas
en el último atardecer
de su mundo en ruinas.
“Soy comida para fantasmas”,
dice el primer verso,
y una calima de sílabas malditas
parece brotar de las páginas
que carga a sus espaldas.
No tiene quién le lea,
el último poeta de la Tierra,
pero las letras siguen encadenadas
a sus cuadernos de notas
y sufren la condena de atravesar
la frontera que separa
el corazón del olvido.
No son mártires,
pero tampoco heroínas.
Jardines sin sombra,
teñidas de dolor,
el poeta incurable
sigue mirando el mundo
con sus páginas en blanco,
paraíso virgen sin rimas,
sin leyes, sin trampas.
El fuego no puede matar
estas palabras que sueñan
con ser infinitas.
El último poeta de la Tierra
no sabe cuando escribirá
sus últimos sueños,
pero por si acaso
nunca los termina
con un punto y final,
sólo con un silencio,
que alza el vuelo del poema
y se va,
sin alas,
sin dueño,
más allá del último suspiro
del último poeta en la Tierra…
Feliz año nuevo!!
3 September, 2009 - 2:35 am | En Personal | Comentarios: 8 Resacas en el buzón
Como muy bien dice Rafa Pons los años realmente empiezan en Septiembre, así que aquí estamos, dispuestos a comernos el mundo o al menos a pegarle un bocado (eso si el mundo no nos muerde antes, que también pasa).
Llegan nuevos conciertos con Rafa, proyectos musicales nuevos con Santi Noriega, nuevo disco de Almadrava y posibles bolos invernales, producciones nuevas (Los Martínez, el tercer disco de Alfonso Mora, el primero de Txantxu…), ya se van concretando varias actuaciones mías y si después de todo esto me queda tiempo puede que vuelva a pensar en mi disco… Sí, lo sé, es el proyecto más postergado desde el “Chinese Democracy” de Guns N’Roses, pero en fin, si el chalado de Axl Rose acabó sacando el disco quizás yo también pueda.
Tengo ganas de enseñaros canciones nuevas, de cantar hasta que se me marquen las venas del cuello (que pasa siempre, la verdad), de aporrear las teclas del piano hasta que éste confiese vete a saber qué secretos, de recortar el ruido de estática de mi cabeza en pequeños trocitos y colgarlos en pentagramas recién sacados del horno.
El show debe continuar, aunque sólo sea por curiosidad.
